sábado, 4 de diciembre de 2010

Estudio sugiere que consumir grasas al inicio del día mejora el metabolismo

Desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo. Un viejo dicho que puede estar apoyado por un estudio realizado con ratones por la Universidad de Alabama (Estados Unidos).  Se ha comprobado que la grasa en el desayuno aumenta la eficiencia del metabolismo durante el resto del día. Esto podría ser la clave para mantener un metabolismo sano y que evite ganar peso.

La investigación, publicada en el 'International Journal of Obesity', basa sus afirmaciones en un experimento con dos grupos de ratones, uno que recibió un desayuno rico en grasas y una cena ligera, y otro que basó su dieta en una primera comida basada en carbohidratos y una cena con mayor cantidad de grasas.

En este sentido, los ratones que realizaron una comida rica en grasas nada más despertarse mantuvieron un perfil metabólico ‘normal’ hasta el final del estudio, mientras que los ratones que dejaron las grasas para la cena vieron incrementado su peso, su adiposidad e incluso presentaron resistencia a la insulina al concluir el ensayo.

El resultado fue que la grasa ingerida en el desayuno aumenta la eficiencia del metabolismo a la hora de procesar grasas y además repercute en la habilidad de los ratones para procesar el resto de alimentos durante el día. Sin embargo, cuando se toman más carbohidratos en el desayuno el procesamiento de estos nutrientes se ‘desequilibra’ y no vuelve a su estado normal durante el resto de la jornada.

Parece ser que la primera comida programa el metabolismo para el resto del día, es decir, si se toman muchos carbohidratos por la mañana, el metabolismo los utilizará más el resto del día. Por su parte, si se toma un desayuno rico en grasas el metabolismo será más flexible al utilizar como fuente de energía tanto carbohidratos como grasas.

Una cena baja en calorías es también clave para que la combinación surta efecto y podría ser la razón de los beneficios para la salud reportados por el desayuno rico en grasas.

Estos descubrimientos podrían suponer importantes cambios en las recomendaciones dietéticas. Aunque primero habrá que comprobar si en los humanos se observan los mismos resultados.

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